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martes, 15 de diciembre de 2009

Discurso.


Palabras pronunciadas por Roberto Ramos Molina en el marco del homenaje ofrecido al ingeniero Luis Herrera González.

Chihuahua, Chih., a 28 de noviembre de 2009.

Quiero comenzar agradeciendo profundamente la invitación que me han hecho los organizadores a compartir palabras en esta celebración tan importante. Quiero agradecer al ingeniero Luis Herrera González su permanencia en este recinto. Ya habrá tiempo para el debate privado con Martha, su esposa, a quien nombramos representante oficial de todos los aquí presentes para efectos de quejas y reproches.

Comencé a asistir a reuniones partidistas siendo un adolescente en los noventas. Creo que mi mayor acierto fue aferrarme al aleccionador privilegio de de crecer escuchando y observando a mujeres y hombres valiosísimos. Me parecía un mundo fascinante el del debate de las ideas tan franco, tan abierto, tan respetuoso, tan real.

En este mundo encontré una voz que llamó mi atención enormemente. No, no precisamente porque se tratara de una voz con angelical dulzura. Lo que llamaba mi atención era el pero que tenía entre los asistentes.

No es necesario ser un erudito para en una congregación darse cuenta del peso moral de quienes intervienen tomando la palabra:

Luis Herrera pedía la palabra y el silencio invadía el lugar. Capturaba atenciones y miradas y comenzaba: Un lenguaje directo, fluido, claro… Todo esto pasaba a segundo término cuando ponía el dedo en la llaga. Es que sus intervenciones siempre llevaban un contenido brillante, reflexivo, guiador, sereno, realista.

Imposible no convertirme en un seguidor más del ingeniero Herrera. Y en ese seguimiento sucedió lo que tenía que pasar: encontré un tesoro de virtudes que me hizo respetarlo y admirarlo. Como militante, entregado, generoso; como dirigente, visionario, valiente; como columnista, estudioso, oportuno; como servidor público, profesional, responsable.

Gracias a todos por su atención. Ahora voy con usted, mi querido ingeniero:

Dice un principio aristotélico que para ser amigos no basta con quererse. Por eso los que lo queremos estamos aquí reunidos para expresarle nuestro reconocimiento. Y cualquier homenaje será insuficiente al lado de la universidad del deber ser que usted representa.

Sí. Usted representa una universidad del deber ser porque su ejemplo de congruencia y lucha nos traza un camino que es difícil de recorrer pero que gratifica en los más profundo y valioso al ser humano. Porque nos inspira a alcanzar su rango. Un rango único que lo encontramos en el carácter de las personas como lo escribió Sándor Márai. Es universidad del deber ser porque construye futuro fundando tradiciones de decencia pública en varias generaciones incluida, por supuesto, la mía.

Y ahora ingeniero, le tengo una novedad. Esto que está usted presenciando no es su homenaje. Es una reunión, sí, de sus amigos, de muchas personas que le admiramos y respetamos, donde le exponemos verdades con mucho cariño. Pero su homenaje dura mucho, mucho más.

Ese homenaje, querido ingeniero, es que no le vamos a fallar.

Muchas gracias de todo corazón.

lunes, 4 de mayo de 2009

Literatura


"Las preguntas son éstas: ¿Quién eres?...¿Qué has querido de verdad?...¿Qué has sabido de verdad?...¿A qué has sido fiel o infiel?...Con qué y con quién te has comportado con valentía o con cobardía?...Éstas son las preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo, eso no importa.
Lo que sí importa es que uno al final responde con su vida entera."

Esta obra de Sándor Márai me ha convertido en un devoto seguidor del escritor húngaro, casado con una judía y exiliado a partir de la subida al poder de Hitler que derivó Europa hacia el fascismo. De igual manera ha sembrado en mi la inquietud de conocer más sobre la literatura centroeuropea.
Henrik y Konrad, amigos casi hermanos durante la infancia y juventud, se reúnen en el ocaso de sus vidas, tras separarse el uno del otro por cuarenta y un años, quedándose ambos con un secreto mortal.
El autor nos introduce en la esencia de la vida misma: el problema de "la verdad" en contraposición a "la realidad". Y en este tenor se introduce en el tema de la amistad de una manera tan precisa y real, que se vuelve en una vigente referencia de un gran valor moral. Y para muestra un botón:
“Al igual que el enamorado, el amigo no espera ninguna recompensa por sus sentimientos. (…) ¿Qué valor tendría la amistad si sólo amamos en la otra persona sus virtudes, su fidelidad, su firmeza? ¿Qué valor tiene cualquier amor que busca recompensa? (…) Tenemos que soportar que las personas que amamos no siempre nos amen, o que no nos amen como nos gustaría. Tenemos que soportar las traiciones y las infidelidades, y lo más difícil de todo: que una persona en concreto sea superior a nosotros, por sus cualidades morales o intelectuales.”
De título original "A la luz de los candelabros", esta no es una novela juvenil, es una novela de madurez, de introspeccion y retrospección. Más que una historia, es una invitación a la reflexión permanente sobre uno mismo.